sobre complejidad, energía y activos financieros


El ensayista estadounidense Nate Hagens, antaño profesional de elevada posición en Wall Street y hoy ecologista experto en energía, ha propuesto una perturbadora pero acertada imagen del “superorganismo humano” como Gran Ameba.

“El superorganismo (al que aquí llamaré cariñosamente la Ameba) no piensa; utilizando el excedente financiero optimizado por el mercado, avanza deslizándose, absorbiendo a los majetes que viven con baja entropía, mirando exclusivamente a corto plazo el camino que se encuentra justo enfrente; y sólo cambia el rumbo cuando puede recolectar más.”

[...] Comenzamos entonces con la globalización, para dedicar a las dendritas de la Ameba a succionar entropía de las regiones geográficas con menor coste. Aprovechamos la tecnología para construir una máquina térmica más grande. Y lo más importante (y peligroso), comenzamos a utilizar la deuda y el crédito como formas de traernos los recursos futuros hacia el presente. Nada de esto se hizo de forma consciente: fue una simple reacción a los deseos y necesidades de las masas en cada tiempo, para seguir funcionando a base de ir agregando los beneficios optimizados de las mini-amebas.

Cada vez que una espita energética se va cerrando, surgen nuevas reglas o inyecciones monetarias que suavizan la trayectoria. En las primeras etapas, todavía existía una carrera armamentística entre la energía y el dinero. En 2008 quedó claro que los bancos comerciales y los mercados del crédito privado ya no podían seguir alimentando adecuadamente a la Ameba. Por tanto, se saltaron la jerarquía y comenzaron a gestionar directamente y a la vista de todos el acceso a la espita monetaria, que llegaron a abrir de forma considerable. En un momento en el que el coste real del capital (el petróleo) estaba aumentando, se inundó el mundo de créditos a bajo interés, convirtiendo el dinero en algo prácticamente gratuito.

Pero crearon demasiado y el gran cuerpo se vio imposibilitado de generar algún tipo de crecimiento con sentido y ahora nos encontramos en un pulso deflacionario preliminar. En la actualidad, aproximadamente un 30% de los bonos de los gobiernos del mundo tienen rendimientos negativos y alrededor del 90% tienen rendimientos inferiores al 2%. Las entidades gubernamentales de los gobiernos de Japón y Europa están comprando bonos a un ritmo tal que en el plazo de diez años les darán la propiedad completa de todos los bonos emitidos.

El mayor supuesto falso sobre el que se apoya la sociedad moderna es que el dinero y la energía son intercambiables y que todos los dólares pasados, presentes y futuros (o yenes o euros, etc.) son iguales y se convertirán en los bienes que el dinero representa. 





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