ecologistas de salón y los libros de caras



De nuevo, el ruido amplificado de la cada vez más masiva conversación distribuida en las redes sociales, genera una especie de caos digital que trata de analizar y buscar soluciones a los problemas de nuestra civilización. Anticapitalistas, socialdemócratas, animalistas y todo tipo de sub-especies de ecologistas de salón tratan de ofrecernos una clase de verdad a la que, según ellos, tendríamos que suscribirnos todos, toda la población mundial, porque si no lo hacemos, no conseguiremos resolver nuestros problemas. El universalismo es tendencia, aunque, contradictoriamente, la propia sociedad que se descubre en red, cada vez se fragmenta más y se retribaliza
La ecología es una parte de la biología que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven. El ecologismo (en ocasiones llamado el movimiento verde o ambientalista) es un variado movimiento político, social y global, que defiende la protección del medio ambiente, del hábitat que compartimos con el resto de los seres vivos del planeta. Habitualmente, el ecologismo o ambientalismo se defiende desde posiciones antropocéntricas, es decir, para satisfacer una necesidad humana, incluyendo necesidades de salud y sociales.
Algunos, cada día más, seguramente influidos por una vida completamente desconectada de la naturaleza, inmersos en una más o menos cómoda vida artificial en una insostenible ciudad, intentan hacernos ver como debemos perder nuestra esencia como especie o nos indican como un papá-estado protector debe serlo cada día más y ordenar nuestras vidas para evitar el desastre. 

Desde el universalismo, desde el arriba hacia abajo, desde el estado, no resolveremos nada. Ni siquiera el ecofascismo es algo que podamos considerar factible. Si eres ecologista, demuéstralo, narra en los libros de caras de internet que es lo que estas haciendo, cual es tu proyecto, como estas trabajando para preservar tu hábitat. Con experiencias concretas. Desde la investigación y compartiendo nuestro trabajo podremos conseguir avanzar. 

Aunque cada día el reto se convierte en algo más difícil, ya que los occidentales no solo tenemos que reconectarnos con la naturaleza y conseguir un modelo de vida orgánico, y por tanto sostenible, si no que vamos a tener que hacerlo lidiando con un hábitat con todos sus ciclos naturales rotos, con una incertidumbre total sobre que ha a ocurrir con agua, tierra, aire o el propio clima. Nuestro estilo de vida está destruyendo los comunes, sin que estado o corporaciones sean capaces de frenar las externalidades medioambientales, tensando cada vez más una cuerda que es casi imposible que no termine en un colapso civilizatorio. Algo que probablemente ya está en marcha.

Desde nuestro punto de vista, debemos de apostar por visiones y experiencias diversas, no por soluciones universalistas. Es igual de ineficiente y perverso la gestión de los comunes desde la actual burocracia-cleptocracia estatal, que la gestión desde una corporación. La sostenibilidad solo se podrá intentar desde lo pequeño, desde el reparto igualitario y prudente, algo así como los comunes que se gestionaban en la asamblea del concejo…

La creación de un modelo alternativo nunca podrá salir desde la organización imperante porque está diseñada (como casi todas) para perpetuarse. Emergerá de comunidades reales que sean capaces de demostrar que resuelves muchos de los problemas actuales con otras reglas. El futuro será de las agrupaciones de personas que sean capaces de trabajar como una comunidad. 
[...] Puede ser llamada comunidad real cualquier cluster o red social perfectamente distribuida -es decir donde todos los miembros se relacionan con todos los demás en un ámbito no jerárquico- que comparta una interacción voluntaria sostenida en el tiempo (deliberación) y donde los miembros se reconocan unos a otros una identidad común.
Desde luego de donde no saldrá casi nada aprovechable es de este ecologismo de salón o políticas de salón que surgen, como setas tras la lluvia, en los libros de caras en internet.

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