la trampa de las externalidades o como el progreso se suicida


Los economistas utilizan el término “externalidades” para referirse a los costos de una actividad económica que no son pagados por ninguna de las partes en un intercambio, sino que le son cargados a cuenta de otros. Usted no va a escuchar muchas discusiones sobre externalidades estos días; en muchos círculos se considera de mala educación hablar de ellas, pero son omnipresentes en la vida contemporánea, y juegan un papel muy importante en algunos de los problemas más complejos de nuestra época.

Hoy por hoy, la vida económica en el mundo industrial se puede describir, sin demasiada imprecisión, como un estado de cosas configurado para permitir a una minoría privilegiada externalizar casi todos sus costos sobre el resto de la sociedad, mientras se embolsan la mayor cantidad posible de los beneficios. 

Las externalidades no son simplemente posibles gracias a los avances tecnológicos, en otras palabras; son el resultado inevitable del progreso tecnológico en una economía de mercado, debido a que la externalización de los costos de producción es en la mayoría de los casos la forma más eficaz de competir y dejar fuera del mercado a las empresas rivales, y la empresa que tiene éxito en la externalización de la mayor parte de sus costos es la que tiene mayores probabilidades de prosperar y sobrevivir.

A medida que las externalidades aumentan, tienden a degradar los sistemas integrales sobre los que son arrojados -la economía, la sociedad y la biosfera. A medida que esos sistemas se degradan, su capacidad de funcionamiento se degrada también, y, finalmente, uno o más de ellos se viene abajo -la economía se hunde en una depresión, la sociedad se desintegra en la anarquía o el totalitarismo, la biosfera cambia abruptamente a un nuevo modo que carece de suficientes lluvias para cultivos

Esa especie de despreocupación es fácil por al menos tres razones. En primer lugar, el impacto de las externalidades sobre los sistemas integrales puede aparecer muy lejos de las fábricas. En segundo lugar, en una economía de mercado, todos los demás están externalizando sus costos. En tercer lugar, y crucial, sistemas integrales tan estables y duraderos como las economías, las sociedades y las biosferas pueden absorber una gran cantidad de daño antes de desplomarse en la inestabilidad. El proceso de externalización de los costes puede pues funcionar durante un tiempo muy largo, y afianzarse como un hábito económico básico, mucho antes de que se haga evidente para cualquiera que continuar por el mismo camino es una receta para el desastre.

Incluso cuando los costos externalizados han comenzado a pasar una factura visible a la economía, la sociedad y la biosfera, además, cualquier intento de revertir la corriente se enfrenta a obstáculos casi insuperables. De los que se benefician del actual orden de cosas se puede descontar que lucharán con uñas y dientes por el derecho de continuar externalizando sus costos: después de todo, tienen que pagar el precio completo de cualquier reducción en su capacidad para externalizar los costos, mientras que los beneficios de no imponer esos costos a los sistemas integrales son compartidos entre todos los participantes de la economía, la sociedad y la biosfera, respectivamente. Tampoco son necesariamente fáciles de rastrear las causas de cualquier interrupción del sistema integral hasta las externalidades específicas que benefician a personas o industrias específicas. 

Una sociedad que se aproxima colapso porque demasiados costos externalizados se han cargado en el conjunto de los sistemas que la soportan, muestra por lo tanto ciertos síntomas bien distintivos. Las cosas van mal con la economía, la sociedad y la biosfera, pero nadie parece ser capaz de comprender por qué; las medidas que los economistas utilizan para determinar la prosperidad muestran resultados contradictorios, con aquellas que miden la rentabilidad de las empresas e industrias dando mucho mejores lecturas que las que miden el rendimiento de los sistemas integrales individuales; los ricos están convencidos de que todo está bien, mientras que fuera de los cada vez más estrechos círculos de la riqueza y el privilegio, la gente habla en voz baja acerca de la creciente espiral de problemas que la acosa por todos lados. 

En este punto puede ser útil resumir el argumento que he desarrollado aquí:

a) Todo aumento de la complejidad tecnológica tiende también a aumentar las oportunidades de externalización de los costos de la actividad económica;

b) Las fuerzas del mercado hacen obligatoria la externalización de los costos, y no opcional, ya que los agentes económicos que no externalizan los costos tenderán a ser expulsados del mercado [outcompeted] por los que sí lo hacen;

c) En una economía de mercado, a medida que todos los agentes económicos tratan de externalizar tantos costos como sea posible, los costos externalizados tenderán a ser transmitidos preferentemente y de forma progresiva a los sistemas integrales, como la economía, la sociedad y la biosfera, que proporcionan el sostén necesario para la actividad económica, pero que no tienen voz en las decisiones económicas;

d) Suponiendo incrementos ilimitados en la complejidad tecnológica, no hay un límite necesario para la carga de los costes externalizados en los sistemas integrales antes de un colapso sistémico;

e) Incrementos ilimitados en la complejidad tecnológica en una economía de mercado, por lo tanto, conducen necesariamente a la degradación progresiva de todos los sistemas que sostienen la actividad económica;

f) El progreso tecnológico en una economía de mercado es, por tanto, auto-terminante [self-terminating], y termina en colapso.

Cada tecnología es un medio de exteriorizar algunos costos que de otro modo soportaría un cuerpo humano. Por razones que son, en última instancia, termodinámicos por naturaleza, cuanto más compleja se vuelve una tecnología, más costos genera. Para dejar fuera del mercado una tecnología más simple, cada tecnología más compleja tiene que externalizar una parte significativa de sus costos adicionales, a fin de competir con la tecnología más sencilla.Esta falta de transparencia alimenta la ilusión de que los grandes sistemas son más baratos que los pequeños, al hacer que externalidades de escala luzcan como economías de escala.

Se podría argumentar, por otro lado, que un ambiente normativo lo suficientemente estricto, que obligara a los actores económicos a absorber todos los costos de sus actividades en lugar de externalizarlos a los demás, sería capaz de detener la degradación de los sistemas integrales y al mismo tiempo permitir que continuase el progreso tecnológico. La dificultad aquí es que una mayor externalización de costos es lo que hace el progreso rentable. Como se acaba de señalar, ceteris paribus, una tecnología compleja será en promedio más cara en términos reales que una tecnología más simple, por el simple hecho de que cada incremento adicional de complejidad tiene que ser pagado por una inversión de energía y otras formas de capital real.

Desnude a las tecnologías complejas de las subvenciones que transfieren algunos de sus costos al gobierno, los perversos reglamentos que transfieren algunos de sus costos al resto de la economía, los malos hábitos de abuso y negligencia ambiental que transfieren parte de sus gastos a la biosfera, y así sucesivamente, y muy pronto usted estará frente a duros límites económicos a la complejidad tecnológica, a medida que las personas obligadas a pagar el precio completo por tecnologías complejas maximizan sus beneficios eligiendo opciones más simples y más asequibles en su lugar. Un entorno normativo lo suficientemente estricto como para evitar que la tecnología acelere hacia el colapso pondría fin al progreso tecnológico al hacerlo no rentable.

Nótese, sin embargo, la otra cara del mismo argumento: una sociedad que optó por dejar de progresar tecnológicamente podría mantenerse indefinidamente, siempre y cuando sus tecnologías no sean dependientes de recursos no renovables o similares. Los costos impuestos por una tecnología estable en la economía, la sociedad y la biosfera serían más o menos estables, en lugar de aumentar con el tiempo, por lo que sería mucho más fácil de encontrar una manera de equilibrar los efectos negativos de esas externalidades y mantener todo el sistema en un estado estacionario. Las sociedades que tratan el progreso tecnológico como una opción y no una obligación, y reconocen las desventajas de complejidad creciente, también podrían optar por reducir la complejidad en un área con el fin de aumentar en otro, y así sucesivamente -o podrían sólo levantar un monumento a la era del progreso, e ir a hacer otra cosa en su lugar.

Fragmentos del post de The Archdruid Report




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