Paris 2015: el único margen, el estado de emergencia mundial


El caso es que una vez se ha llegado a un punto como este no tiene ningún sentido seguir haciendo como que no pasa nada. Fiarlo todo a que el ingenio humano, el mercado, los ricos, Dios, todos a la vez, o quizás alguien más, proveerá, no es más que una forma de regresión a la infancia desde nuestra adolescencia presente henchida de todopoder.

Lo siento muchísimo, pero nada de esto va a ocurrir. El Titanic ha chocado ya, y no vamos a evitar el hundimiento sustituyendo los motores de carbón por quijotescos molinos de viento. Hemos llegado tarde pars eso, si es que alguna vez fue posible. Ahora no queda otra posibilidad que reunir a toda prisa el máximo número de botes salvavidas,optimizar su capacidad y adelgazar todos un poco para que quepan cuantos más mejor..

De modo que hay que reconocer el estropicio, sus consecuencias y nuestra responsabilidad en él (si bien claramente en distintos grados) y disponernos, ahora si, a hacernos mayores de una vez. Asumiendo nuestra obligación.

Nuestra obligación no es otra que decirnos la verdad, esta verdad, toda la verdad. Seguir con los eufemismos y con el optimismo de la voluntad no sirve en este caso y menos a estas alturas, y no tiene otra consecuencia que continuar con el status quo, con el aturdimiento colectivo y con el derroche de energías ya escasas en tareas o reivindicaciones imposibles, inútiles en el mejor de los casos. Creer que ignorando, disfrazando o dulcificando el problema para mantener el navío a flote, solo un rato más, comprando tiempo para que unas élites se reúnan confortablemente buscando una “solución” es ignorar, disfrazar o dulcificar la realidad, y el precio de hacer esto es siempre elevado. Y tiene consecuencias singularmente desastrosas en este caso, pues hay que recordar que no son sino estas élites las que nos han conducido por la trayectoria del impacto. Si algo van a hacer es salvarse ellas, y sólo ellas.





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