ecofascismo como un escenario colapsista




Sabemos que si no se toman medidas de una enorme contundencia y de modo inmediato, el deterioro ecológico dará lugar a una serie de acontecimientos desastrosos que estrangularán nuestra civilización e, incluso, pondrán en peligro la continuidad de la especie humana (entre otras muchas). Esas medidas incluyen necesariamente la adopción de un programa decrecentista radical. No voy a dar cifras. No es necesario; hasta los estudios científicos (serios) más optimistas plantean que para acceder a un estado estacionario realmente sostenible serían necesarias una disminución en el uso productivo de recursos naturales y en la generación de residuos de tal magnitud que se reduciría el consumo actual de los países no empobrecidos en unas dimensiones, no ya inaceptables, sino inconcebibles para la mayor parte de sus habitantes.

¿Cómo se le plantea a un norteamericano medio que se acabó, y definitivamente, disponer de un coche propio? ¿Cómo es posible revertir en muy pocos años la labor intensiva llevada a cabo a lo largo de un siglo por los aparatos productores y distribuidores de cultura encaminada a hacer del consumo por el consumo el ideal de vida de amplísimas capas de la población mundial? Lamentablemente, no es realista confiar en la toma espontánea de conciencia de una población engañada y manipulada por unos medios oligopólicos cuyos dueños forman parte de los grandes poderes mundiales. Poderes, estatales y privados, que se hallan sumidos en un estado casi catatónico, pretendiendo, del modo más iluso e irresponsable, proseguir la política suicida de impulsar un crecimiento económico sin el cual no puede subsistir el capitalismo ni, con él, su privilegiada posición social.

[...] Las amenazas ya se palpan. Una rápida mirada a la geopolítica actual nos muestra centenares de conflictos armados, guerras localizadas que marcan una aproximación no lineal, pero, creo, cierta, hacía confrontaciones bélicas de mayor intensidad, en las que no sería en absoluto descartable el uso de armas nucleares. Siempre con el objetivo fundamental de asegurarse el acceso a materias primas y energéticas y, cada vez más, de adueñarse de tierras fértiles. Todo ello, en el marco de una crisis económica profunda, sin otra salida dentro del sistema capitalista que una destrucción de capital insólita en la historia –y, destruir capital no es destruir dinero, es destruir factores de producción, campos, edificios, máquinas y trabajadores –.

[...] En este escenario enormemente conflictivo pero, mutatis mutandi, bastante realista (al menos, bastante más realista que otros), y ante la aceleración de los efectos del cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales, es donde eso que llamamos ecofascismo hace su entrada. Unos nuevos regímenes políticos, en ausencia de alternativas factibles, que surgen culminando la evolución autoritaria de los actuales; con un objetivo fundamental, asegurar durante el colapso y el postcolapso la supervivencia de sus élites y el mantenimiento, en la medida de lo posible, de sus suntuosas condiciones de existencia material. El medio para lograrlo no difiere del que proponemos los ecologistas –de ahí el prefijo eco–: una disminución intensiva del consumo de bienes naturales hasta llegar a un estado estacionario autosostenido en el que solo se empleen recursos renovables y los residuos generados se integren en el metabolismo de la Naturaleza, en los ciclos de regeneración.

[...] En un marco de impunidad legal, estos nuevos regímenes desarrollarían tecnologías de biopoder, de vigilancia de todo tipo de actividades y movimientos, de espionaje de comunicaciones, que, con los debidos tratamientos informáticos, permitirían el control policial de cada individuo. La represión brutal y ejemplarizante crearía un universo de personas aterradas y sumisas. El otro soporte del poder de Estado, la legitimación y el consenso, se construiría mediante un monopolio absoluto de los aparatos de creación y difusión cultural encargados de la aplicación sistemática de técnicas de manipulación, ideadas y desarrolladas en el siglo XX, que pueden llegar a imponer una realidad paralela donde la disidencia no sea siquiera concebible.

Ecofascismo. Ecologistas en acción.




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