el decrecimiento no es una opción: estrategias para adaptarnos




Leyendo este post de Richard Heinberg, intento reflexionar de nuevo sobre decrecimiento. 

Esta entrada del blog 15-15-15 es un bonito y necesario ejercicio de estrategia, aunque el propio autor se contesta así mismo diciendo que el giro de timón de 180º lo debería dar las élites y no están por la labor. Yo estoy de acuerdo, pero añadiría que la mayor parte de la población tampoco está por la labor. Ni son capaces de entender porque el decrecimiento no es una opción, ocurrirá de cualquier modo por haber rebasado los límites de la biosfera, ni son capaces de asumir sus consecuencias, en el caso de los que llegan a entender el problema.

El fondo de la cuestión es nuestro estilo de vida, el occidental. Solo desde pequeñas iniciativas comunitarias que sean capaces de demostrar que se puede vivir de otra manera y mostrarlo, seremos capaces de generar nuevos imaginarios colectivos. Necesitamos creatividad, riesgo, innovación, diversidad y compartir las experiencias. Para que esto pueda suceder, solo requerimos que los Estados permitan un cierto margen de maniobra para poder experimentar y, mientras sigamos teniendo internet, podremos compartir el conocimiento de forma rápida y eficaz.

Los grandes actores de la economía mundial comienzan a lanzar globos sonda sobre el problema que afrontamos. FMI: "La crisis tendrá efectos permanentes; el tecnooptimismo no tiene fundamento"

Mientras la realidad sabemos que es otra:

"Nuestra generación Low Cost, que compra en Zara y viaja en RyanAir está irremediablemente perdida en un cómodo limbo de desidia y consumismo. Tipos con carrera que son unos perfectos idiotas - en el sentido clásico (griego) del término; ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos - sin conciencia de su propio adocenamiento e imbecilidad. Nos creemos sofisticados por llamar "caldo" al vino, comprar libros de Taschen y llevar una determinada estética. Nos creemos cultos por leer el último libro de Murakami y consideramos en nuestro fuero interno que si alguien pasa penurias es porque es tonto o no se ha esforzado lo suficiente. Tenemos interiorizado ese concepto monstruo llamado "Darwinismo social" hasta el tuétano. Hemos perdido cualquier viso de espíritu crítico y pedimos permiso para opinar y esta opinión está dictada, nos hemos convertido en putos loros. Sólo cuando todo se derrumba a nuestro alrededor y esa miseria que creíamos ajena nos alcanza toda la realidad nos da una buena hostia en los morros y aun así algunos se refugian en el pensamiento positivo y creen que es sólo un golpe de mala suerte, un resbalón, que con suficiente esfuerzo volverán a ser otra vez generación Low Cost."





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