la nueva realidad de los estados-naciones


El pensamiento de la ilustración en el siglo XVIII materializó una serie de cambios y revoluciones que asentarían durante el siglo XIX el modelo del sistema que llega hasta nuestros días, basado en el liberalismo, los estados-naciones y la democracia representativa. Este modelo que ha durado más de 200 años muestra síntomas de agotamiento. Ya no vale para la nueva realidad, la globalización, la sociedad red y un planeta enfrentado a un potencial colapso medioambiental.

Un estado trata de ser una organización que presta una serie de servicios a sus ciudadanos en forma de organización social, económica, política soberana y coercitiva, formada por un conjunto de instituciones que tiene el poder de regular la vida nacional en un territorio determinado.

Cuando un estado se convierte en clientelar, el poder sobre las decisiones del aparato administrativo del estado se utiliza para obtener un beneficio privado; el patrón —sea directamente un funcionario, u otra persona dotada de suficiente poder como para influir sobre los funcionarios— toma decisiones que favorecen a sus clientes, y que estos compensan con la perpetuación en el poder del funcionario implicado o de su entorno. La relación puede fortalecerse mediante la amenaza de utilizar esa misma capacidad de decisión para perjudicar a quienes no colaboren con el sistema.

Cuando además no es capaz de financiarse e intenta mantener el sistema clientelar ejerciendo su autoridad se produce una ruptura del contrato social.

La nación es el sujeto político en el que reside la soberanía constituyente de un estado. El nacionalismo es quien inventa la nación. Es una comunidad política imaginada, creada por lo que los nacionalistas creen que es una nación, porque ese concepto no significa nada fuera de la teoría que lo ha creado para sus propósitos. 

Cuando el estado clientelar necesita ir adaptando su sujeto político, la nación, para perpetuar sus rentas, sienta las bases para la guerra. 

La carrera para la destrucción del sistema de estados-naciones ya ha comenzado. No es un problema de España, aunque seguro que seremos pioneros, es un problema del mundo occidental y su modelo depredador. Pero creo que no serán las revoluciones emitidas por streaming las que realizaran la demolición, serán los mercados financieros. La deflagración comenzará por el colapso de la fuente de financiación de los estado-naciones, los mercados de deuda pública. 




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